Amnesia inducida y suicida
Si hoy hiciésemos una encuesta a cualquier persona, especialmente a los menores de cuarenta años, sobre si pudiera nombrar dos o tres campos de concentración, probablemente fuera capaz a decir nombres tan extraños para nosotros como Mauthausen, Auschwitz, Treblinka o Dachau. Sin embargo…
La pérdida de la historia colectiva constituye hoy una realidad que recorre el Viejo Continente, el mismo que influyó en el resto de las historias del mundo. La cuestión histórica se centra en la victoria; los vencidos, los parias de la Tierra no existen, ni siquiera en la conciencia del recuerdo. Una conciencia que fue borrada y olvidada premeditadamente.
La última dictadura, la del «viva la muerte», cumplió con creces su voluntad exterminadora. Las cunetas de las carreteras del Estado se rellenaron con miles de cuerpos, los tribunales militares, que son los mismos golpistas, dictaron y ejecutaron a decenas de miles de comunistas, socialistas, anarquistasÉ en definitiva, de los y las defensores de la democracia y la libertad, de la República, condenados a los buitres, condenados a los campos de trabajo, a los campos de concentración, al exterminio ideológico. Los culpables, también los que los apoyaron y parecen, aun treinta años después de la transición, seguir apoyándolos, claman «no desempolvéis la historia», queriendo hacer pensar que en este país todo fue una historia de vino y rosas.
La realidad demuestra que sí, que en este país, en España, se produce una guerra civil producto de un golpe de Estado de los generales africanistas apoyados por la oligarquía y los sectores más pudientes de la Iglesia católica, con un apoyo sin paliativos del Gobierno de la Alemania nazi, de la Italia fascista de Mussolini, de cantidad de voluntarios portugueses y de tropas africanas. Convirtieron a España en el escenario, y primer acto, de lo que posteriormente sería la Segunda Guerra Mundial. Por tanto, los demócratas españoles sufrieron una guerra, sufrieron todas las consecuencias de tipo represivo dentro de su país y fueron recibidos por la Gendarmería francesa, por el Gobierno francés, como auténticos criminales con cuernos y rabo.
Después del triunfo de Hitler en 1933 se comienzan a crear los primeros campos de concentración para albergar a la oposición, principalmente comunistas y socialistas, y son éstos los que realmente se ven obligados a construirlos. Ése es primer objetivo de destrucción del nazismo, acabar con todo resto de oposición política. Pasarían muchos años después del 33 hasta que empezaron a entrar judíos, por cuestión de su religión, en los campos de concentración. Este modelo se copia en España a partir de 1936, cuando los propios republicanos son obligados a construir los primeros campos, con la misma finalidad que en la Alemania nazi: liquidar la oposición existente.
La represión posterior al asesinato de la democracia fue la más grande ocurrida en el sur de Europa. Cuando hoy se pregunta a cualquier ciudadano o ciudadana sobre el exterminio, sobre el holocausto del republicanismo español, la contestación más probable es que aquí hubo una guerra civil, como si tal cosa, y que después la vida siguió su curso normal. Exterminio, holocausto, con los judíos de los países ocupados por el nazismo, pero con los españoles nunca. Ésa fue la lección inducida por la larga vara de la dictadura franquista.
Amnesia inducida y suicida II
Cerca de doscientos campos de concentración convierten al Estado español en un desmesurado ejemplo de la crueldad, sin embargo. En ellos cientos de miles de republicanos fueron torturados durante años, en algún caso hasta 1947 -caso de Miranda de Ebro, campo abierto en 1937 y que sería cerrado en esta última fecha- hasta la pérdida de su identidad política, la que les convertía en ciudadanos; condenados a la muerte por agotamiento, por hambre, sed, tratados como animales despojados de toda su dignidad humana. Hechos que recuerdan al holocausto judío durante la invasión nazi sobre Europa, un exterminio que, no debemos olvidarlo, no se concretó sobre los seguidores de esta religión, sino que afectó a gitanos, negros, gays, intelectuales socialistas, comunistas, republicanos españoles en generalÉ siendo estos últimos los grandes olvidados de la historia oficial. No sería hasta 1942 cuando los primeros judíos fueran conducidos a los campos de concentración nazis, por el hecho de ser judíos.
Recordemos de igual modo los otros campos de exterminio de los republicanos y republicanas españoles, aquellos que se encontraban en Francia, vía de escape y de una pretendida búsqueda de la libertad a la que se vieron obligados a ir. No huyeron, siguieron manteniéndose firmes en sus ideales, y así lo demostraron durante la Segunda Guerra Mundial, colaborando activamente con la liberación francesa. Más de 400.000 republicanos y republicanas, con sus familias, condenados a un destierro.
Campos en territorio francés, obligados los republicanos españoles antes de la invasión de la Alemania nazi, en febrero de 1939, custodiados por la Gendarmería francesa y custodiados por soldados marroquíes, como son: Castillo de Colliure, donde murió Antonio Machado; playas de Argèles y Saint Cyprien, 180.000; Rivesaltes, 70.000; Les Barcarés; Le Vernet d’Ariege, más de 40.000; Porter sûr Garonne, 40.000 o Gurs, 61.000, un campo descubierto en 1962 por la investigación judía que descubrió que allí habían estado unos cientos de compatriotas suyos internados entre los años 1943 y 1945.
Decir que en España, que en Asturies, existieron batallones de trabajadores puede resultar una cuestión desconocida. Empresas como Duro-Felguera, usando en el Pozu Fondón más de 200 presos políticos; Carbones La Nueva, más de 180, y así una lista interminable, sin que falte en esta negra lista el Valle de los Caídos. Hicieron uso de mano de obra esclava, no existe otra palabra, para su desarrollo; puede agitar las conciencias de muchos y muchas, pero es una realidad, y aquí los Schilders brillaron por su ausencia.
Lunes, 22 de Octubre de 2007 en 13:35
Muy interesante este artículo.