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Los premios y el holocausto

PREGUNTAR hoy a cualquier persona -en especial a alguien menor de 40 años- sobre si sería capaz de mencionar dos o tres campos de concentración, daría, en la mayor parte de los casos, resultados como Mauthausen, Auschwitz, Treblinka, Dachau…, nombres extraños para nosotros y casi impronunciables, de no ser por el enorme bombardeo mediático al que la sociedad es sometida. Un bombardeo informativo del que premeditadamente se eliminó la represión sufrida por el republicanismo español, tanto fuera como dentro del Estado español. Evitar el conocimiento del horror no es una cuestión exclusiva nuestra, sino que se extiende al conjunto de la vieja Europa, que parece hacer lo posible para dar la espalda al terror cometido por los fascismos.

Leyes como la de Memoria Histórica, en proceso de tramitación, contribuirán decisivamente a abrir nuevas vías para la recuperación de la conciencia y la memoria colectivas. Estamos ante una ley que en su tramitación parlamentaria agita las conciencias aun sin haberse aprobado.

En el Estado español, los campos de concentración y de trabajo existieron y se prolongaron más allá de 1945. Los españoles fueron los primeros en construir los campos europeos. A lo largo de Europa y en especial en Francia, se cuentan por decenas los campos de exterminio ideológico del republicanismo español. Campos consentidos tanto por la Francia de Vichy como por la llamada Francia libre, en la que su Gendarmería jugó un papel fundamental.

La represión sufrida por cientos de miles de republicanos, tanto dentro como fuera de las fronteras españolas, es la más grande ocurrida en el sur de Europa. El horror se extendió a la industria, pues miles de republicanos fueron ‘esclavizados’ en algunas empresas asturianas, así como en el mismo Valle de los Caídos. Hubo campos de exterminio que se mantuvieron a lo largo de casi una década, caso del de Miranda de Ebro, abierto en 1937. Una acción premeditada del fascismo que se ejecutó en España antes que en Alemania o Italia. Un horror que se prolongó a lo largo de los años mediante las prisiones, la represión y depuración ideológica, las ejecuciones mantenidas hasta el último periodo de la dictadura, precisamente cuando algunos de los que se agitan al escuchar Ley de Memoria Histórica ocupaban cargos de responsabilidad en la Administración franquista.

Podríamos aquí hacer un aparte en referencia a la entrega del premio Príncipe de Asturias de la Concordia al Museo del Holocausto judío, como máxima expresión mediática del exterminio ejecutado por el fascismo en Europa a partir del año 1933, en el que Hitler accedió al poder. Los premios han vuelto, una vez más, a dar la espalda al sufrimiento de los de republicanos españoles que, junto con otros colectivos, sufrieron el exterminio ideológico desde los primeros tiempos. El sufrimiento del pueblo judío es conocido. Los medios de comunicación muestran periódicamente el horror padecido con gran capacidad de influencia en la sociedad y, con base en ella, provocan un olvido como el que padece este galardón.

Con la decisión del jurado de los premios se sigue dejando en la cuneta a los cientos de miles de españoles que sufrieron este mismo holocausto también en España, pese a ser los primeros en construir y ocupar los campos de concentración en Alemania, Austria, Polonia… Cómo no recordar el tren de Angulema hacia Mauthausen, así como todo lo que venía sucediendo en el interior del país.

La Fundación Príncipe, movida posiblemente por su afán de internacionalización mediática, continúa por la vía de mantener unos jurados que se perpetúan en el tiempo y que, en casos como el premio de la Concordia, contribuye a ocultar una realidad tan palpable en todas sus esferas como la del holocausto español.

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