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| Juan Pedrayes, junto a la escultura de Úrculo en Villaviciosa. |
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El futuro panorama urbanístico de los concejos de la Asturias costera será el fruto de una «enconada» lucha de clases sociales. Aquí no cabe contienda entre el capital y el proletariado, al modo en que teorizó Carlos Marx. Son otros los que batallan por un mismo territorio: pugnan los vecinos, los turistas y, atención, los «territoriantes», «un tipo de población que habita fragmentos de territorios en ciudades diferentes, en muchas ocasiones de forma cotidiana». La presencia de esta último grupo se irá acentuando a medida que se incremente la movilidad social gracias a los trenes de alta velocidad y los vuelos baratos. Son, dicho de otra manera, los habitantes de esas «segundas» residencias que empiezan a proliferar en la costa asturiana.
Quien certifica, y teoriza, la existencia de esta nueva lucha de clases costera es el arquitecto maliayés Juan Pedrayes Obaya, integrante de la asociación Amigos del Paisaje de Villaviciosa, Cubera, y uno de los más destacados estudiosos de la evolución urbanística de la Villa.
Pedrayes considera que esta lucha a tres bandas por un mismo espacio surge del nuevo enfoque que el Gobierno regional da al territorio asturiano, «considerando a todo el país como una Ciudad-Región». Cree Pedrayes que el concepto de Ciudad-Región es caduco y en él lo rural aparece «como periférico, atrasado y marginal». Opina que la Ciudad- Región tiende a «desparramar sus suburbios sin control por toda Asturias», con la creación de lo que el arquitecto holandés Rem Kolhaas definió como «espacio basura», es decir, «el residuo que la humanidad deja sobre el planeta». Pedrayes añade que esta concepción de Ciudad-Región, unida a la consideración del turismo como un sector estratégico, «puede llevar a pique un diseño de país».
Batalla costera
Pero vayamos a los tres bandos en conflicto en la costa asturiana. En primer lugar están los vecinos. «Son propietarios que vienen de la organización social de la aldea asturiana», define Pedrayes. «En aquellas parroquias con presión edificatoria funcionan como propietarios del suelo, no como industriales agropecuarios. En poco tiempo han pasado de habitar los restos de la explotación comunal de la aldea al desguace de la casería por cese de negocio. ¡Sálvese quien pueda!», exclama el arquitecto maliayés. Luego están los turistas. Dice Pedrayes que, fundamentalmente, el turista es madrileño en camiseta «que viaja en pareja, calza chancletes y vuelve de vez en cuando». Argumenta que, según la antropología moderna, el turista es «un buscador de lo auténtico» y en esta búsqueda el turista entra en una «meta-realidad, un concepto de tiempo distinto» donde sus facultades mentales quedan transitoriamente enajenadas. «Son, técnicamente, enfermos».
Pero de las tres clases sociales en disputa la que a Pedrayes le resulta más peligrosa, «por su tendencia a degenerar en turista crónico», es el llamado «territoriante». Así se comporta esa clase social itinerante: «usa torticeramente un doble lenguaje lastimero de inclusión/exclusión respecto a su relación con los vecinos aldeanos. Por ejemplo: pasa de molestarse de les boñigues de les caleyes y el ruido ensordecedor de los voladores a quejarse de que “esto lo están estropeando con tanta masificación”, olvidando que él mismo llegó de la misma manera. Crea problemas/residuos y no cotiza para resolverlos», subraya el arquitecto maliayés. Pedrayes sentencia: «Esta epidemia es el mejor ejemplo de la actual hibridación social y tiene un enorme potencial de creación de la “Asturias basura”».
La consecuencia de la lucha de clases, dentro de esta teoría de Pedrayes, tiene un diagnóstico claro: «septicemia territorial, una infección general causada por las hemorragias de una bulimia galopante en los concejos costeros, y la anoréxica muerte por inanición de la aldea interior». Juan Pedrayes considera que la situación es «gravísima» y para atajar «semejante epidemia», propone un «Plan de Manejo de Turistas y Territoriantes que evitase un consumo desorbitado de espacio y recursos, y canalizase los principales flujos generados por ellos». Para canalizar ese río propone cuatro medidas.
Concentración turística
La primera sería alojar a los turistas en «resort-apartheid», especies de campos de concentración para turistas, sin constelaciones de adosados, que serían un «un todo incluido» donde se pudiera «exprimir al turista en una hiperrealidad astur». Pone un ejemplo: «la redefinición de la Ciudad de Vacaciones de Perlora puede ser un buen espacio para su instalación». Pedrayes considera que el consumo del territorio debería de estar gravado «con un canon anual al concejo donde se instale un hotel, y su gestión debería de generar ingresos directos a los vecinos de la parroquia donde se levante, pues se trataría de una gestión solidaria de recursos, similar a la que se debiera hacer de los montes comunales». Y añade: «Las plusvalías han de ser repartidas. Esto no es utópico, recordemos que hace veinte años nadie pagaba por aparcar en la calle».
La segunda medida que Juan Pedrayes propone es desplazar a los «territoriantes» «a la red de villas y núcleos rurales para densificar las villas y primar la rehabilitación de las aldeas». Su tercera medida se basa en el criterio «quien consume territorio, paga». Y el arquitecto maliayés la argumenta así: «Es injusto, y va contra los intereses generales de Asturias, vender a precio de saldo nuestro territorio sin contrapartidas. Aquellas personas no censadas en Asturias deberían pagar impuestos especiales en la adquisición de terrenos y viviendas, cuyo importe serviría para mejorar los servicios urbanísticos». Finalmente, plantea que en los pueblos «no afectados por la presión territoriante» se establezca como objetivo fijar población con actividades agrícolas y ganaderas. Pero para ello Juan Pedrayes propone un retoque en los criterios de reparto: «para un correcto reparto de los recursos no debe primarse el número de habitantes, sino los kilómetros cuadrados de cada concejo. Este parámetro es el más eficaz, lo mismo que lo sería un censo de “territoriantes”, que sin duda depararía muchas sorpresas». |